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Al inicio del siglo XXI los saberes disciplinarios han encontrando limitaciones en su capacidad para entender un mundo globalizado, depredado por un modelo expansivo capitalista altamente destructor de razones, saberes, conocimientos, sociedades e identidades. Este proceso ha sido una traslación temporal de un proceso histórico en el que la Modernidad ha protagonizado una ruptura de las formas de conocimiento “comunes”, de los saberes asentados en los territorios cognitivos de los grupos humanos, a manos de unos paradigmas científicos que en muchos casos asentaron su hegemonía del conocimiento en la erradicación o, en el mejor de los casos, en la marginalización de los conocimientos y las epistemologías de las sociedades no- occidentales/del Sur Global. Una occidentalización de los saberes, un Eurocentrismo de las praxis de transmisión y reconocimiento del saber disciplinar y una racialidad en la primacía de sus protagonistas tuvieron como secuelas inmediatas, en muchos casos, el epistemicidio de haceres devenidos del conocimiento comunitario no disciplinario práctica que legitimó y argumentó el ecocidio-genocidio de muchos de estos pueblos de la mano de la necesaria transición hacia la Modernidad, el Progreso y el Desarrollo (entendidos desde una perspectiva del Norte-colonial), concebidos como oxímoron.

Estamos ante el reto del retorno, de la reversión ética de estos procesos disciplinarios para expandir el presente de nuestros procesos de aprendizaje, desde los muchos Sures que nos enseñan a contraer el futuro así como a diseñar tanto nuevos proceso de aprendizaje desde programas de acción colaborativa, como nuevas prácticas de difusión y co-elaboración del conocimiento, fuera/dentro de la Academia, co-accionando con los movimientos sociales y escribiendo desde ellos un futuro, otro mundo posible.